lunes, 17 de junio de 2013

AVISO


Perdonadme, por problemas informáticos y logísticos -que no por vaguería-, hace siglos muchos que no puedo actualizar el blog :S

Las princesas Analía y Miosotis quedaron dormidas en el disco duro de mi ordenador roto, esperando al caballero informático que venga a rescatarlas. También están en mi cabeza y en alguna otra que escuchó pacientemente la historia, así que no hay peligro alguno de que se queden en el olvido. Gracias por vuestra paciencia y todas las cortesías que habéis enviado para ellas.

WONDERLAND sigue lleno de gente maravillosa, y de historias de todo tipo, y si queréis estar al día de todo lo mejor es que entréis al país de Facebook, donde prácticamente se puede decir que vivo ahora. Y que será bueno o malo, pero Wonderland es una República Independiente de él, por muchas princesas que tenga ;)

Animaos a seguir Wonderland en Facebook, con vosotros será aún más maravilloso. Miles de besos.

viernes, 3 de mayo de 2013

"La verdadera historia del guisante y las princesas" (V)




-¡Princesa! ¡Buenos días, princesa Miosotis!

El Augur Mayor hubo de subir la escalera que ascendía desde el primer colchón para lograr una respuesta de la princesa, pues esta se hallaba profundamente dormida y no respondía a las voces que parecían llegadas desde un inframundo. Era muy temprano y la habitación permanecía en penumbra. Cuando al fin abrió los ojos, el rey le preguntó (casi afirmó), muy cortés, si es que acaso estaba tan adormecida porque no había logrado conciliar el sueño durante la noche…
-Oh, en absoluto, no os preocupéis, majestad. Estoy acostumbrada a dormir en lechos muy diferentes e incluso incómodos cuando acompaño a mi padre en sus viajes, así que, cansada como estaba por la cabalgata, y en semejante cama de ensueño, me quedé dormida al instante y no me he despertado hasta ahora.

El rey agrió el gesto de manera tan evidente que Miosotis se asustó:
-Pero ¿tan tarde es? Confiaba en la luz del amanecer para despertarme. Espero no haberme perdido la prueba. ¿Es que alguien cerró las ventanas?

-La luz que entra por las ventanas es real, princesa, todavía no ha amanecido -respondió el rey apesadumbrado. Madrugamos demasiado en este reino, no debéis preocuparos-. Y salió rápidamente del aposento porque le pareció que si cruzaba alguna palabra más con aquella muchacha sería incapaz de acatar la decisión del consejo, pues en su corazón sabía con certeza que aquella era la mejor reina posible.

A continuación, el rey y el augur mayor se dirigieron al aposento asignado a la princesa Analía, la llamaron desde debajo de los cien colchones y nadie respondió, ya que la princesa también se hallaba profundísimamente dormida. El augur trepó por la escalera como había hecho anteriormente, pero cuando llegó a la altura del último colchón apenas reconoció a la joven, puesto que aquel larguísimo cabello dorado se veía todo enmarañado, dando vueltas y vueltas alrededor del cuerpecito de la princesa, de manera que toda ella parecía un capullo de seda.

Cuando Analía escuchó una voz de varón pronunciando su nombre, gritó como si hubiera visto a la propia muerte con su guadaña, dado que jamás había estado en presencia de un hombre antes de ser adecentada por sus doncellas de cámara, y eso, unido a sus destrozados nervios, provocó que rompiera a llorar antes de contestar buenos días.

-No se asuste, princesa, dijo el rey desde abajo, aunque solo distinguía una especie de bulto amarillo-. Imagino que dormíais tan serenamente que nuestras voces os han alarmado.

Y una vocecita, entre sollozos y suspiros, habló desde dentro del enorme capullo maltejido de cabellos de oro:
-Oh, no, no es eso, ni siquiera estaba dormida, no he podido ni cerrar los párpados en toda la noche.

El Augur sonrió complacido y siguió de inmediato la conversación con una disimulada sonrisita:
-¿Tal vez no le ha parecido a su lindísima excelencia cómoda esta cama?

Analía pensó que no podía reconocer que la atormentaba la idea de esperar ella sola la realización de una prueba para la que seguro no iba a estar preparada. Además, tampoco quería admitir que era incapaz de conciliar el sueño sin los cien cepillados de su peinadora y sin el cuento de su bufón, aunque la mayoría de las princesas prescindía de estos mimos a los diez años. De manera que, al escuchar esa pregunta, aliviada, asintió:
-En efecto, la cama era incomodísima, me duelen todos los huesos pues no era capaz de hallar una postura cómoda para conciliar el sueño. 

El augur levantó los brazos al cielo mientras clamaba "los dioses han hablado, aquí tenemos a la futura reina". El rey salió de la cámara a toda prisa, resoplando y de mal humor por tener que convertir en reina a aquella amarilla y enorme larva aletargada.

Y colorín colorado... ESTE CUENTO NO SE HA ACABADO.
Continuará...
FIN DEL CAPÍTULO QUINTO.

jueves, 2 de mayo de 2013

"La verdadera historia del guisante y las princesas" (IV)





El rey zanjó diplomáticamente aquella conversación que se prometía tan controvertida y felicitó a ambas damas por la belleza de sus vestidos. Analía intentó recuperar la ventaja perdida exhibiendo sus conocimientos sobre tela y bordado:
-Gracias, majestad. Yo misma dirigí a las cincuenta bordadoras que trabajaron en este vestido, y aún así, tardamos dos años en acabarlo.

Primero Miosotis y luego el rey estallaron a reír, y alabaron el sentido del humor de Analía. Como ninguno de los dos entendía nada de bordado, les parecía absolutamente descabellado que se pudiera invertir tanto tiempo en un vestido.
-Quizás la tejedora deshacía la tela por las noches, esperando la llegada de algún marinero... –dijo irónicamente Miosotis. Y de nuevo el rey y la exótica princesa comenzaron a reír abiertamente.

Analía reía también, un poco por contagio y mucho por el vino, aunque le habían enseñado que aquella era una actitud nada principesca. El rey, a esas alturas de la cena, ya estaba hechizado hasta la médula por el perfume de Miosotis, pues jamás había escuchado a una mujer citar los poemas homéricos con tanta gracia y al mismo tiempo irradiar tanta belleza y alegría.

Fue la cena más encantadora de todas las que el rey había organizado buscando a la prometida idónea, y al finalizar, besó la mano de ambas princesas y les deseó suerte en la prueba, como siempre hacía, pero cuando sus labios rozaron la mano de Miosotis sus labios tardaron dos segundos más en separarse y su corazón pidió con toda su fuerza que fuera aquella muchacha la vencedora.

Desde que se había mencionado “la prueba” por la que habrían de pasar, Analía estaba pálida y muda. La ansiedad la recorría hasta la misma punta de sus cabellos. Sin su peinadora, ni siquiera podía hacer gala de muchas de sus habilidades, como los bailes de pareja. Anteriormente, jamás había debido someterse a prueba alguna, por lo cual tampoco estaba segura de si era ella quien mejor hilaba o tocaba el arpa en el reino, por mucho que se lo hubieran repetido sus ayas. Se iba volviendo más y más nerviosa, y al entrar en el aposento ni siquiera reparó en lo exagerado de la cama.

Miosotis entró de buen humor a su cámara arrastrando todavía las risas de la cena, y como además había cabalgado durante horas para llegar hasta allí, se sentía aliviada solo con la idea de caer rendida en la cama. No le daba importancia alguna a la prueba, pues su padre le había enseñado siempre que ella era la mejor entre todas las princesas y entre todas las mujeres, y que solo alguien muy ignorante no se daría cuenta de aquello. En verdad, era la que más puntería tenía entre todos los soldados tirando al arco y la que antes resolvía cualquier acertijo en las reuniones de sus maestros. Así que la índole de la prueba no le preocupaba en absoluto.

El dormitorio le pareció muy excéntrico con aquellos cien colchones apilados en equilibrio, pero como había viajado desde niña, había conocido reyes que dormían en el suelo, otros sobre una tabla de madera, algunos en la cima de un árbol o tendidos en una hamaca, y no le asustaban las diferentes costumbres. Lo atribuyó, si acaso, a un exceso de hospitalidad. Subió por la escalera preparada a tal efecto y, apenas se quedó tendida, se durmió profundísima y pacíficamente, toda la noche… hasta que entró el rey a despertarla seguido del Augur Mayor.

FIN DEL CAPÍTULO CUARTO

"La verdadera historia del guisante y las princesas" (III)




Las primeras candidatas, sobre todo aquellas que en realidad eran solo hijas de campesinos adinerados, habían llegado en carruajes de oro, con ayudas de cámara, nanas, modistas, peluqueras e incluso alguna había traído su enano bufón y su cuentacuentos. Pero sin excepción, la comitiva principesca era convidada a esperar en unas enormes tiendas de telas plantadas a tal efecto en las puertas del castillo.

Las últimas aspirantes, sabedoras de aquello, se hacían acompañar a lo sumo de un par de criados, que hacían pasar hasta por médicos con la esperanza de que pudieran adentrarse con ellas y ayudarlas en aquella prueba que suponían tan complicada. No obstante, las normas del rey eran tajantes: ni hechiceras personales, ni ayudas de cámara, ni peinadoras reales… nadie podía atravesar aquellas murallas más que las princesas, pues podrían verse alterados los resultados de la prueba.

La misma noche que la princesa de largos cabellos de seda y oro, arribó hasta las puertas la princesa Miosotis, una joven bellísima que venía cabalgando sobre su propio caballo.

Miosotis portaba este raro nombre porque su madre se lo había preguntado al jardinero una mañana que reparó en una flor exótica que, al abrirse, eclipsaba a cualquier otra. La pequeña Miosotis había sufrido la desgracia de perder a su madre antes casi de conocerla pues aquella no pudo sobrevivir al parto y su padre, el rey, había estado tan enamorado de ella que ni siquiera pudo contemplar durante los años siguientes la idea de tomar nueva esposa para engendrar un hijo varón.

Como Miosotis, según crecía, era el mismo retrato de su madre, su padre la llevaba consigo incluso a las batallas. La instruía en las estrategias y las tácticas de ataque. Los soldados le enseñaban a hacer hogueras, a guiarse por las estrellas y a manejar la espada. Además de estos maestros y de la propia naturaleza, la niña contaba con dos ayas que viajaban siempre a su lado, y le mostraban los secretos de la filosofía, el latín y las otras materias que se reservaban a la educación de los príncipes.

Cuando Miosotis llegó a la puerta del castillo, sus palabras fueron:
-He oído que el príncipe de este reino pretende desposarse, y siendo ese también mi deseo, quisiera conocerlo para decidir si me conviene como consorte.

El guardián, que era uno de los augures, sonrío ante el atrevimiento de la princesa, la cual se veía sudorosa y desaliñada de cabalgar, y a pesar de ello radiante, pero solo contestó:
-Por supuesto, princesa. Nuestro príncipe espera a su reina. ¿Conocéis la regla sobre no entrar ninguna compañía al recinto, verdad?
-La conozco, y por ello vengo sola. Sin embargo, mi caballo debe entrar. No lo dejaré afuera abandonado sin cuidados aunque tenga que dar marcha atrás.

El augur meditó sobre si debía negarse, pero en su interior una voz le avisaba que aquella muchacha tan distinta sería una reina y no quiso contrariarla. Y, estrictamente, un caballo no era un lacayo. De manera que, por primera vez, una princesa atravesó el umbral del castillo montada sobre su corcel.

El rey, al contemplar la gallardía de aquella princesa, pensó que al fin había arribado la ganadora. Durante la cena, ambas recién llegadas Analía y Miosotis, aparecieron con sus mejores galas: Analía con sus cabellos brillantes y lacios hasta los pies, que la obligaban a andar a pequeños pasitos como un ser apocado tocado de oro; y Miosotis con una irresistible sonrisa desplegada y una energía contagiosa.

Mientras se sucedían las viandas, Miosotis pidió que se felicitara al cocinero real por la pericia con que había asado el venado, y Analía pensó de inmediato que tenía enfrente a una impostora, ya que conocía tan bien las cocinas "desde dentro".
-¿Acaso habéis cocinado alguna vez un venado? -preguntó Analía para desenmascararla.
-Oh, desde luego... Incluso lo he cazado, cuando no había otro remedio pues los víveres del grupo se acababan, ya que el ejercicio de la caza, en sí mismo, es algo que aborrezco.

FIN DEL TERCER CAPÍTULO

lunes, 29 de abril de 2013

"La verdadera historia del guisante y las princesas" (II)



Al requerimiento del príncipe acudió una multitud de jovencitas que aseguraban todas ser princesas verdaderas, algunas eran simples villanas engalanadas con sus mejores oropeles y alhajas, de tal modo que brillaban como princesas, y otras eran princesas de verdad, que al verse desprovistas de su corte de camareras para vestirlas y cepillar cien veces sus cabellos se veían desaliñadas y hasta naturales, como si fueran chicas corrientes de sangre roja.

No obstante, el rey les ofrecía a todas por igual una espléndida bienvenida y las agasajaba con una cena opulenta a la cual, por supuesto, el príncipe jamás acudía, para no confundir la que era una decisión de estado con el arrebato de una pasión. Después, les asignaba un aposento y les informaba de que, en breve, habrían de presentarse a una prueba secreta a través de la cual los sabios de la corte podían discernir cuál de ellas era por su sangre una verdadera reina.

Durante el banquete las animaba a probar excelentes vinos y manjares, y les aconsejaba que descansaran lo mejor posible, pues para ese fin les había sido preparado el mejor lecho imaginable. Cuando la aspirante a reina entraba en su aposento, agotada y, a menudo, adormecida por el vino y la cena, encontraba una habitación enormísima y excesiva, y una cama majestuosa en la que se podían contar al menos cien colchones. Pensaba que la opulencia de aquel castillo era en efecto algo que nunca antes había conocido y subía hasta su cama por la escalera dispuesta para ello, y por lo habitual, entre el cansancio, la cena y el vino, se dormía a los cinco minutos de haberse echado.

Transcurridos cinco meses desde que se hubiera anunciado la elección de la futura reina, ni una sola aspirante había superado la prueba secreta. Pero entonces llegaron al castillo dos nuevas candidatas.

La princesa Analía llegó sobre palenque forrado de terciopelo, tirado por un corcel blanco y conducido por un cochero de uniforme, junto al cual iba sentado la peinadora real. Había reducido su corte al máximo porque sabía que no estaba permitida la entrada a los criados. Cuando le negaron la entrada, ella misma bajó del carruaje y suplicó que se permitiera al menos la entrada a su peinadora, aduciendo que sus cabellos sueltos -como los de cualquier princesa que se preciara de serlo, dijo- medían más de dos metros, y que no podía desenredarlos sin ayuda. Sin embargo, la princesa de largos cabellos de oro no conmovió al guardián calvo de la puerta y hubo de adentrarse en el castillo completamente sola.

FIN DE LA SEGUNDA PARTE.


* La preciosa ilustración es de Edmund Dulac.

domingo, 28 de abril de 2013

"La verdadera historia del guisante y las princesas" (I)



En los tiempos en que sucedieron los cuentos, mucho antes de que existieran las fronteras de los países, cuando las tierras estaban divididas por murallas y coronadas por castillos, existía una ley sacrosantísima según la cual solo el vástago varón de un rey podía heredar el trono (de hecho, en algunos países muy anticuados, aún está vigente esa misma ley). La ley tenía su origen en los primeros tiempos de cada reino, cuando se luchaba por defender sus límites y el único cometido de un rey era liderar las batallas contra todos los que osaban quitarle un trozo de tierra, robar sus cosechas, o invadirlo para cobrar impuestos.

De manera que el rey pasaba su vida en el campo de batalla, y por lo común, tal vida era corta como un suspiro. Todas las cosas importantes del reino, como la Administración de los Recursos para que los habitantes no pasaran hambre o las Cuestiones de Justicia, quedaban en manos de la reina; además de la urgente gestación y seguida educación de un heredero varón, pues los reyes raramente morían de viejos, como ya he mencionado.

En el reino de Antiquistán había cierta tensión ya que la reina había fallecido y dejado un único heredero varón. La elección de la prometida para el príncipe dejó de estar en manos de la reina, como era la tradición, y cayó en manos de los consejeros reales, los augures y los auspices. Estos dominaban las sabidurías de interpretar el vuelo de las aves y las vísceras de los animales que se sacrificaban cuando alguna cuestión crucial lo exigía.

La mañana en que se solicitó su consejo para encontrar la princesa idónea ofrecieron en sacrificio un pato, y al abrirlo para inspeccionar sus entrañas, les sorprendió que el ánade acababa de ingerir una vaina de guisantes. Tras muchas deliberaciones, el portavoz explicó al rey el procedimiento por el que encontrarían a la nueva reina.

"Los dioses han hablado y lo han hecho muy claro. Un pequeño guisante nos desvelará quién será la próxima gran reina. El procedimiento que nos inspiran los dioses nos dice que, una Verdadera Reina, si lo es, tendrá la piel tan fina que notaría un guisante aún durmiendo encima de cien colchones. Eso sí, es muy importante que nadie conozca la índole de la prueba, para que ninguna suplantadora pueda hacerse con el trono".

Inmediatamente se hizo saber que el príncipe de Antiquistán buscaba esposa, y que las aspirantes deberían acudir hasta su palacio personalmente, en lugar de enviar su retrato a través del embajador de su reino, como era costumbre.

La convocatoria revolucionó a muchísimas princesas que aspiraban a conquistar aquel trono como fuera, puesto que su educación (orden en el castillo, preparación de banquetes para convidados numerosos, bordado, arpa y canto) y su alta dignidad, solo les permitía casarse con un príncipe, un noble de muy alto grado o ingresar en un convento.

FIN DE LA PRIMERA PARTE.

martes, 23 de abril de 2013

"Reina"




Soy la Reina en mi Castillo, y nadie en todo el mundo sabe que me da miedo hasta el viento y que lloro los días alternos. No te echo de menos, pero si volvieras, podríamos encender velas e incienso, escuchar canciones viejas y hablar de mi luna y tus libros.

No te quiero, aunque por las noches tu imagen me pese como piedras en la garganta. No me quieres, probablemente, aunque me escribas de vez en cuando para decirme lo contrario. Y si al menos el viento no soplara confundiéndolo todo, aterrorizando a los animales... si tuviera un dragón que me diera fuego o una maldita mazmorra para haberte encerrado, entonces no necesitaría vestirme de reina.

Sería feliz solo con abrazarte a la noche, nos desayunaríamos pan con aceite; miraría hacia arriba los días de sol y flotaría en las noches de viento. Me rendiría a tus pies, a veces; y otras te rendirías tú, y jamás nos sentiríamos vencidos. Y a pesar de que no me llamaras "reina", y tan solo me dijeras "mi niña", yo poseería esa humilde e idiota felicidad absoluta de quien sabe que lo tiene todo.

Pero no te tengo, solo
                                   Te  Quiero.

martes, 2 de abril de 2013

"Lluvia de Perseidas"




Había olvidado que tú y yo fuimos los Señores de la Tierra, todos los días de 8 a 3. Que me decías "buenas noches, mi niña"; y que una vez me fuiste a buscar a la salida del trabajo, como a las Princesas de las pelis de amor.

Y para poder olvidarlo, lloré lágrimas tan envenenadas que parte de mí se murió y otra parte hubo de renacer a partir de los trocitos de cristal del suelo. Dejé de escuchar canciones, me prohibí escribir poemas y borré todas tus fotos. No pude viajar nunca más a la Luna de Valencia; pero salía a pasear, respiraba hondo y me reía de cosas estúpidas. Mis amigas no volvieron a pronunciar tu nombre, pues entendieron que yo no podría volver a llamarte.

Así es cómo logré olvidar cien mil de los detalles que te hacían maravilloso. Pero no pude deshacerme de este amor infinito. Porque en todo el mundo no existe quién pueda ver tu noche como una lluvia de Perseidas, tu día como un eclipse, que pueda encontrar -como yo- cada adjetivo que te describe como el ser más especial y amado del universo. Es por todo eso que te espero. Y aunque muriera cien veces, volvería a esperarte.


viernes, 29 de marzo de 2013

"Espejo, espejito" (microrrelato para princesas)





La princesa más feliz de todos los reinos no tenía un príncipe de colores, se tenía a sí misma. Y además, tenía un espejo, espejito, aunque no era mágico, sino corriente. Pero cada mañana empezaba el día mirándose en su espejo y pronunciando este conjuro infalible: 
"Buenos días, princesa, ¿qué puedo hacer hoy para hacerte feliz?".
Y así, cada mañana, la princesa (que tal vez no era princesa) convertía su vida en un cuento de hadas.


jueves, 28 de marzo de 2013

"Porque no te necesito; pero te quiero"







Ya no hay luna tumbada en el cielo como una sonrisa, desde que te fuiste.

Y hoy he visto, sola, un amanecer rojo, no quedaba nada azul en el horizonte.

Vuelve, para que el universo recupere el orden, para que yo recupere la alegría.

Vuelve, porque mi color favorito es el azul.









sábado, 23 de marzo de 2013

"Persona anticuada que todavía escribe cartas de amor"



Noche terrible de melancolía, como sal negra, colándose por las heridas, cosidas, que no curadas. Me he acordado de tus botas, de tus vaqueros estrechos y de que nadie en todo el mundo ha sido más atractivo que tú. De la primera foto que nos hicimos juntos con el sol de invierno en la terraza y de la primera vez que nos despedimos en ese parking triste y oscuro de tu apartamento. De cómo te admiraba cuando me hablabas de Historia o cuando me descubrías canciones pasadas de moda que hablaban de amor. De aquella primera noche en que me preparaste una cena soberbia con cordero sin saber que había criado uno de mascota y jamás lo probaría. De tu altura exacta y de cómo tenía que aprovechar los bordillos de la acera para subirme y darte un beso. De mis dedos pasando entre tu pelo. De esa canción de The Cure que escuchábamos obsesivamente. De cuando hicimos el amor en la mesa. Me he acordado de que todavía me acuerdo de ti. Y lloraría como una niña o iría a arrancarte el corazón como una loba. Pero te amo tanto, tanto, tanto... que no te he vuelto a llamar ni a contestar tus emails. Porque no podría vivir recordando todos los días que existes; pero no estás conmigo. Te quiero.


* Fotografía: Irela Perea.

viernes, 22 de marzo de 2013

"Sueños" (haikú)





Había una vez una chica que creía en los sueños.

Y los sueños creyeron en ella.


* Fotografía de Chris Crisman

lunes, 18 de marzo de 2013

"Primer Ejercicio de Magia" (de 'Historia de un Hada')



Cuando somos muy niños, tenemos todos un potencial mágico ilimitado. Después, nuestro entorno de "personas grandes" se encarga de decirnos lo que es posible y lo que no, perdemos nuestras alas y aprendemos a caminar por la realidad común a todos. Pero, y ¿si no fuera cierto lo que nos han contado? ¿Y si el poder para realizar cualquier sueño, por encima de las circunstancias, estuviera dentro de nosotros? ¿Cómo podríamos rescatar la fe que nos permitía creer en reyes y magos, en hadas madrinas, en milagros y finales felices?

No es fácil, porque tienes que cambiar tu mente, y olvidar todo lo que te aseguraron que no es posible. Pero puedes conseguirlo, y este es el primer ejercicio:

Toma una llave, una llave cualquiera pero que no puedas confundir con el resto de llaves que utilices habitualmente. Quizás una llave antigua, oxidada, más pequeña o más grande. ¿No has encontrado alguna vez, en un sitio del todo sorprendente, una llave que no entendías cómo podía haber ido a parar ahí? Era una señal. Si la llave es encontrada por azar, mucho mejor. Es un mensaje de que toda la fuerza del universo te apoya.

La llave que elijas deberás llevarla siempre contigo, en la ropa, o en un cordón al cuello, pero donde nadie la vea. Así se fabrica un amuleto, tú cargarás esa llave de poder mágico. Cada vez que repares en ella, que la toques con tus dedos, que sientas su tacto bajo la ropa, deberás pronunciar en tu interior:

"Soy un hada. Yo tengo el poder de cambiar la realidad. Tengo la llave que abre la puerta de mis sueños. Todo es posible, ahora tengo el poder para fabricar milagros".

-Y ¿ya está? -interrumpió Hada-. ¿No voy a tener varita?

-Jajajaja. Si quieres, podemos hacer el ejercicio con una rama de avellano, como hacíamos antes de que los metales fueran cotidianos, baratos y ligeros. Pero no creo que te resulte fácil ir cada día de clase a casa y de casa a clase con una rama de avellano sin que nadie te pregunte nada.

-No, no, prefiero la llave.

-La llave, o la varita, recuérdalo, solo son utensilios. El verdadero poder está dentro de ti. Pero hasta que no confíes del todo en lo invisible, necesitarás estos recordatorios tangibles.

-Y ¿cuándo podré hacer milagros?

-Mucho más pronto de lo que crees. Depende de cuánto tardes en salvar la fe de tu niña interior. Toda persona que cree sin ninguna sombra de duda en su sueño, es capaz de realizarlo.

-¿Quieres decir que hay más hadas por ahí?

-Por ahí, por el mundo, por la historia... siempre ha habido personas con poder extraordinario. Han sido pocas, pero en ocasiones han hecho milagros que cambiaron el curso de la humanidad. Pero ¡eso es Clase de Historia! Otro día hablaremos de la Historia Alternativa. Ahora concéntrate en el presente, solo en el presente. Es muy importante que no te distraiga el pasado ni las ideas preconcebidas que tenías del futuro. Concentra toda tu atención en el presente y en tu llave. Y no dejes de repetir: "Yo tengo el Poder". Y el Poder se manifestará.






* Imagen (arriba): "La Ondina Hada del Mar", de Hernán Valdovinos.
** La imagen del final es de autor desconocido, extraída de Internet, vía Google.

domingo, 17 de marzo de 2013

"Cinco minutos para echarte de menos"



Insomne. Ansiosa. Sola.
Hace viento afuera; la noche se llena de ruidos y el corazón tirita bajo las mantas.
Intento dormir, pensar en la nada... pero he perdido la puerta de los sueños y ando vagando entre las ruinas a donde me prometí no volver.
Es posible que durante cinco minutos te haya echado de menos (quizás media hora). Pero no importa, porque solo han sido cinco minutos (quizás treinta); y ha sido culpa de la noche y del viento.
Pero tú, amor, tú que te fuiste -me digo para sentirme fuerte-, deberás sobrevivir el resto infinito de tu vida sin mí.
Sin todo el amor que yo quise darte, tus noches serán eternas. Sin el amor alegre que te guardaba, tus días se repetirán iguales y tristes.
Me echarás de menos, pero no cinco minutos sino cien años. Me buscarás despierto o dormido y nunca ya me encontrarás.
Porque te fuiste, tuve que hacerme fuerte y ahora yo soy la mujer de mi vida y de mis sueños, y ni te necesito ni te pienso extrañar... a partir de mañana. Porque hoy te he echado de menos cinco minutos (puede que treinta), pero la culpa fue de la noche, o del viento.


viernes, 15 de marzo de 2013

"El sueño de Marilyn"



Norma Jean creció oyendo que no era lo bastante buena para nada ni para nadie. Cada vez que Norma Jean se quedaba dormida, soñaba que todo el mundo la amaba. Un día que Norma Jean comprendió que nunca tendría suficiente amor en su vida, se suicidó en la bañera.

Cien años más tarde, el mundo entero amaba apasionadamente todos los instantes de la estrella muerta, cada una de las maravillosas imperfecciones y de los extraordinarios detalles de perfección de la brillante Marilyn.

No esperes a que suba al firmamento para regalarme tu amor, ámame desde la tierra; yo no tengo tanto tiempo.




* Fotografía de autor desconocido extraída de Internet, vía Pinterest.

lunes, 4 de marzo de 2013

"De la necesidad de los Espejos Mágicos" (Inciso sobre el origen de las migrañas)



Toda Princesa -o príncipe, o incluso persona anárquica-, necesita un buen espejo mágico.

El buen espejo se distingue porque te dirá todas las mañanas:
"Tú eres la criatura más maravillosa del Reino. Nunca ha habido nadie como tú y nunca la habrá. Eres absolutamente perfecta y digna de amar EXACTAMENTE TAL COMO ERES".

Si el espejo mágico, al principio, es tímido y parece un espejo "normal", lo mejor es que tú misma escribas un post-it con este mensaje y lo dejes en una esquinita enganchado al marco, donde lo puedas leer cada mañana.

¿Por qué es tan necesario un "espejo mágico"? Porque si muchas princesas tuvieran este espejo, espejito, y fueran conscientes de lo que mucho que valen, no se conformarían... y buscarían un Verdadero Príncipe: uno que las tratara como princesas, que supiera apreciar todas sus bellezas y les regalara un amor de cuento de hadas.

De esta manera, habría más chicas con un príncipe verdadero, y menos caminando con un auténtico sapo en la cabeza; lo cual, sinceramente, ocasiona unas migrañas horribles.




* Aún en averiguaciones sobre el autor de la foto, que he compartido a través de Rai Robledo (fotógrafo admiradísimo) vía Pinterest.

martes, 26 de febrero de 2013

"De Señales y Esperanza" (Extracto de 'Historia de un Hada')



“Para poder usar tu magia, debes aprender antes a leer las Señales. Están por todas partes, pero tienes que mirar desde el alma y no dejarte engañar por los ojos”. 

Hada se despertó ansiosa de sabiduría, dispuesta a beberse todos los conocimientos que el mundo le pusiera por delante, preparada para entender las Señales. Tal y como le había indicado su institutriz en la magia, había elegido la cuestión que más le preocupaba de su vida. Toda la noche la había pasado tejiendo y destejiendo su existencia, y había concluido que sería inmensamente más feliz si volviera a sentir algún día el amor de su madre. Por sí misma, era incapaz de llegar a una respuesta en ese tema, pues a veces parecía que las cosas terminarían por arreglarse y otras que era del todo imposible, y esa inseguridad cotidiana la hacía tan frágil como un equilibrista sobre una cuerda. Imaginó que escribía en su corazón aquella pregunta acerca del futuro y se propuso obtener una respuesta antes de acabar el día. 

Salió de casa con las alas que le daba su nuevo poder. Miraba todo a su alrededor como si fuera la primera vez que lo veía y se encaminó a clase curiosa y esperanzada. Era uno de los días más fríos del invierno y, aunque siempre había odiado el frío, esa mañana se obligó a pensar en todas las cosas divertidas que se podían hacer en un día de frío. De esta manera había llegado a clase tan contenta como si fuera el primer día en que uno nota en la cara los tibios rayos de sol de primavera. En el aula, ocupó su sitio de costumbre, justo al lado de un gran ventanal acristalado. Contempló delante suyo el patio vacío y de golpe se le heló la felicidad en las venas. Ante sus ojos, en el suelo limpio y escarchado, había un gorrión muerto. Dejó de oír al profesor y solo era capaz de escuchar el silencio del corazón del pájaro. 

Los gorriones eran los animales que más enternecían a Hada. De niña había recogido varias veces un polluelo caído del nido, lo había alimentado pacientemente y le había devuelto la vida hasta que el pájaro podía y quería emprender el vuelo. No sabía que con la gente común no sobrevivían a la cautividad; para ella era normal que, cuando recogía una planta medio muerta o un animalito herido, la vida estallara como un milagro. 

Miró y miró aquel gorrión, y pensó que tal vez se había muerto de frío, o quizás de hambre, y acabó torturándose con la idea de que había muerto de soledad; imaginaba que se había perdido de su bandada y después él solo no había podido sobrevivir a la dureza invernal. Sentía toda la indefensión del pobre gorrión en su alma. Tenía ganas de llorar, y sin embargo, no podía dejar de mirarlo, pues estaba atada a aquella perspectiva mientras durara la clase. 

Recordaba la pregunta formulada en su corazón y el miedo se aseñoreaba por momentos dentro de ella, al pensar que no podía haber recibido un augurio peor. Cuando al fin acabó la clase, Hada ya no era la misma; había perdido las fuerzas, no podía sentir su propia magia. 

Se arrastró hacia el edificio donde se impartía la siguiente clase, pero sin ganas ya de explorar nada. Y entonces la sorprendió el gorjeo escandaloso de una reunión de pájaros. Levantó la vista hacia el escuálido jardín del patio. A su lado tenía una palmera muy humilde, de la que no parecía haberse ocupado nunca nadie, pues las hojas muertas se acumulaban sin podar en su base. Sin embargo, a la altura de su mirada, el tronco se convertía en una fiesta de generosidad, cargado de racimos de dátiles maduros. La bandada de gorriones picoteaba con alegría los dátiles caídos en la tierra, se posaba entre las hojas, arrancaba al vuelo la dulzura de los frutos. Hada se contagió de esta felicidad pues experimentaba la certeza de que la vida, en el fondo, era fácil y de que la propia sabiduría de la naturaleza cuidaba de todas sus criaturas. Y entonces volvió a confiar. Respiró profundamente como si quisiera aspirar el momento y se llenó de esperanzas. Volvió a tener fe para enfrentarse al futuro y entendió, sin ningún género de dudas, que esa era la Señal: que algún día la larga historia que le había tocado protagonizar de tristezas familiares iba a tener un final feliz. Y cuando volvió a creer en el final feliz para su cuento, se convirtió en una verdadera hada capaz de alterar el curso de una historia sin más varita que su propia alegría.


* La ilustración es de Kristina Sabaite (Krize): http://kristinasabaite.blogspot.com.es/

domingo, 10 de febrero de 2013

"Cuando las canciones tristes solo hablaban de amor"


Y, mientras, fuera de Wonderland... 


Hay más, pero muchos más pobres, más gente viviendo en la calle, menos coches nuevos, más casas vacías, más terrenos con esqueletos de cemento en ruinas; más jóvenes que no han llegado a trabajar, más noticias horrendas que nunca, más suicidios; menos justicia, pero más abusos y menos derechos que hace 20 años. 

Pero lo peor es que se ha perdido la alegría. La gente no espera sino tiempos peores, los jóvenes no tienen futuro, los viejos se preocupan más que de costumbre. Sonreír en público está mal visto ('¿estás fumada?' me preguntaron en un pasillo del instituto). La alegría se ve como una falta de solidaridad, pues todos tenemos amigos íntimos o familia que está en una situación desesperada.

Echo de menos los programas de videoclips, las épocas en las que cualquier joven podía conseguir un trabajillo para comprarse unos Levi's 501. Las campañas del Domund con una hucha en forma de chinito porque no existía el hambre en España. Los políticos y banqueros carismáticos (que los ha habido). Las páginas finales de cualquier periódico, llenas de ofertas de trabajo reales. El boom de las joyerías en lugar de la proliferación de usureros del 'Compro Oro'. Los ladrones simpáticos que le quitaban al banco un furgón y se convertían en héroes nacionales. Seguir los peinados de Julia Otero, grabar cintas de casete para una amiga haciendo un favor, no un delito.

Cuando todo era posible. Cuando, en teoría, cualquier adolescente de 13 años podía elegir ser astronauta, modelo, arquitecto o camarero. Cuando las canciones tristes solo hablaban de amor.



* En la fotografía, un anuncio antiguo de Levi's 501 protagonizado por dos jóvenes con el mundo a sus pies.

sábado, 9 de febrero de 2013

"El Amor y las Leyes de Newton"



Estás lejos. Pero no me preocupa. Recuerdo tu imagen y me repito que no importan las ciudades, que yo estoy en tu camino y tú estás en el mío. Y por fuerza nos reencontraremos. No es magia, es pura ciencia.

-No creo en los amores a distancia –afirmé yo (que soy de letras pero tenía aprendida la lección)- porque va en contra de la Segunda Ley de Newton. Ya sabes, esa que explica que “la atracción entre dos cuerpos es inversamente proporcional a la distancia entre ellos al cuadrado”.

-De donde se infiere –seguiste tú (que eres guapo y de ciencias hasta números no contables)- que, entre dos cuerpos que ya se atraen en la distancia, cuando se unan, su atracción tenderá a infinito.

Y entonces renuncié a meter mi vida en una fórmula, y me dejé arrastrar al terreno del caos. Y desde allí sigo orbitando, absorbiendo la luz que intuyo de ti, esquivando agujeros negros, esperando tenerte cerca para pegarme por fin, del todo y para siempre a ti.




* Imagen de autor desconocido extraída de Internet.

"Annabel Lee (de nuevo)"



Doloroso ataque de nostalgia,
sin el permiso de Edgar Allan Poe
y con la música de Radio Futura.



Hace de esto ya mucho, mucho tiempo,
en un reino junto al mar,
tú me llamabas -digamos-
Annabel Lee.
No luce la luna sin traerte en mis sueños,
ni brilla una estrella sin que vea tus ojos.
Hace muchos, muchos años
en un reino junto al mar,
pasaba las noches acostada a tu lado,
y siendo amada, amada por ti.
Y todavía hoy muero al recordarte,
haciéndome el amor
y escuchándote decir:
"mi querida, mi hermosa,
mi vida, mi esposa".








* Ilustración de la reconocida ilustradora valenciana Victoria Francés (Sitio Web oficial: www.victoriafrances.es/)

** 'Annabel Lee' interpretada por Radio Futura en videoclip de 'La Bola De Cristal'
Licencia de YouTube estándar.

sábado, 26 de enero de 2013

"Yo Sobrevivo A Todo"




Me tomo un ibuprofeno con el ruido del despertador mientras pienso cómo es posible que aún nadie haya inventado algo efectivo para las ganas de llorar. Renuncio a dormir, dormir, dormir eternamente… y salgo a la calle con las gafas de sol y las ganas de vomitar, y me esfuerzo un mundo para pronunciar un “buenos días” creíble al entrar en la oficina.

Miro fijamente la pantalla del ordenador, como si allí estuviera escrito mi futuro, aunque solo puedo ver desde hace días una nube borrosa. Pruebo a respirar profundamente para que duela menos. Pero el aire pesa y siento que inhalo cada vez cien gramos de aire denso y mojado, aire que nunca voló por el cielo, nacido en el aparato de calefacción. Trago el aire como antes el ibuprofeno, y noto que me estoy llenando de plomo gris.

Alguien se acerca y me pregunta “¿estás bien?”, y pronuncio un “sí” rápido, sin dejar de mirar la pantalla, aunque en realidad quisiera contarle que no, no estoy bien, que me duele, pero las palabras se me quedan enganchadas en la garganta, me pinchan con sus piquitos y con sus aristas, y lo llenan todo, el corazón, el estómago y las vísceras, por donde antes llegaron a volar mariposas (antes todo era muy cursi, es lo que tiene el amor). No me separo del teléfono, donde también se ha quedado muerta su voz. Quisiera soltar este hilo de alambre y esperanza que me ata a él, porque me está estrangulando. Quisiera vaciarme de todo, palabras, lágrimas y sangre, para que no quedara nada suyo dentro de mí.

Quiero volver a ser feliz a solas conmigo, pero no consigo acordarme de nada antes de él. Así que me toca inventarme futuros perfectos para poder seguir viviendo este presente automático. Consigo aguantar hasta la una de la tarde y salgo huyendo de mi cárcel.

Llueve, yo ando deprisa para no pensar y no abro el paraguas porque las gotas de lluvia en la cara me ayudan a sentir algo que no sea mi propio dolor. Me estoy empapando la chaqueta y quisiera romper a llorar como una niña, pero no voy a llorar; aunque el cielo se me caiga encima, no pienso llorar.

Llego a la guardería, una pequeña versión de mí misma corre gritando “mamáaaa” y se cuelga de mi cuello, y yo abro inmediatamente el paraguas para que no se moje la niña, y sonrío sin esfuerzo. El pinchazo en el corazón ha parado. Inspiro profundamente mientras la abrazo y me doy cuenta de que vuelvo a poder respirar. Solo entonces sé que voy a sobrevivir. Por mucho que me duela ahora. Sé que voy a sobrevivir, porque yo sobrevivo a todo. Y porque soy una madre.







* Debo la maravillosa ilustración de arriba a la gentileza de la artista mexicano-española Lia Díaz. Podéis ver más cosas preciosas suyas enhttp://www.liadiaz.com/

jueves, 24 de enero de 2013

"Pequeño cuento con final feliz"



«Eres rara y te deseo que encuentres lo que te mereces», le espetó antes de irse aquel hombre vulgar y bajito, que usaba espray de aliento fresco, no leía libros y conocía solo un tipo de lechuga.

«Sí, soy una rareza y estoy convencida de que, como dices, tendré a la persona que yo merezco, y que a mí me merece; y sé que esta persona no decoraría su casa con fotos de políticos autografiadas y que me preparará el desayuno después de follar», contestó la mujer extraordinaria.

Poco después, la mujer conoció a un hombre tan especial que le preparaba tortitas después de hacer el amor, y que, para la primera vez que ella fue a ver su casa, aún de mudanza, él compró cuidadosamente dos copas del mejor cristal.




* La fotografía corresponde a un anuncio de Moët Chandon Champagne del 2011, protagonizado por la actriz Scarlett Johansson.

miércoles, 23 de enero de 2013

"Cancioncilla (impúdica) de despedida"




El amor que me dejaste

ya no me cabe en la casa

ni en mis cuadernos, ni en el mp3

ni en el cielo de la terraza.

Creíste que te lo llevabas todo

y, ay, olvidaste un trozo de alma.

A veces con él me estremezco

y me pongo caliente otras tantas.

Si acaso algún día, niño,

notaras que algo te falta, 

búscate el amor verdadero:

que lo guardo yo bajo mi falda.




* La pin-up de la cabecera es una de las célebres "chicas Petty",  muy populares en los 50, obra del ilustrador George Petty. 

viernes, 11 de enero de 2013

"Oración" (poema en prosa)




Justo unos momentos antes de dormir me vuelvo vulnerable, salgo a mirar la luna, revuelvo entre mis recuerdos, busco palabras bonitas y, a lo peor, pienso en ti. Me maldigo por lunática e intento leer un libro que no hable de amor. Acaricio el filo de las hojas hasta casi abrir mi piel y sigo pensando en ti. Te guardo en las yemas de los dedos, puedo olerte en la almohada, me provocas calor en el vientre. Odio todas las frases que dijiste algún día y me muero en el silencio de no oír tu voz. Espero a que me cure el sueño. En vano; porque solo una palabra tuya bastaría para sanarme.






*Imagen: Lamia, de John William Waterhouse, 1905.


"Friday I'm in love" (micropoema)




Porque los viernes me enamoro

hoy me doy el permiso

para estar enamorada de ti

y te vuelvo a querer

como si aún me quisieras,

como si fuera un lunes corriente

cuando cualquier día era viernes.


(Escrito todavía bajo el influjo de un amor mágico
y la banda sonora de The Cure.
*Imprescindible: Véase vídeo abajo consignado)
.







*Arriba, fotografía de autor desconocido extraída de Internet.

martes, 8 de enero de 2013

"La chica que cambió un corazón con vistas por un temporizador de cocina"





Tú para mí fuiste una habitación con vistas sobre Florencia. Una sonrisa indeleble a las cinco de la mañana. Música a todas las horas, incluso sin conectar el aparato.

Y es triste que ahora, desde lejos, ni siquiera llegues a entender que me importaste; mientras yo, aquí, tampoco sé cómo apañármelas para sobrellevar el peso de tu nombre dentro.

Volveremos a viajar, allá fuera hay cien mundos esperando, como nos dicen todos.

Quizás, incluso, un día vuelva a visitar la amada Firenze. Pero aunque estuviera allí, asomada al más espléndido ventanal de la ciudad, nada me devolvería la promesa de belleza que para mí fue el haberte conocido.

Aunque algún día escuchara dentro de mí aquellas mismas notas que no consigo volver a juntar de la felicidad inmerecida y sorprendente; aunque lograra reunirlas y acompasarlas, y que sonaran sin ahogarse entre pegajosas lágrimas, no volverían a estremecer ya esta especie de caja fría donde ahora guardo el tic-toc de mi corazón.

No nacerán más sonrisas estúpidas de madrugada. A partir de ahora, la razón lo medirá todo.

Es que, ¿sabes?, ya no uso ese latoso corazón de antes, sino el temporizador de la cocina, mucho más fácil de programar, infinitamente más fiable (dónde va a parar). Ah, y por supuesto, vivo lejos de Florencia; incluso de noche. Es posible que ahora funcione mejor y pueda comprender el compás de la vida: hago mis tareas en silencio; festejo mis éxitos en silencio; lloro mis fracasos en silencio.

Porque perdí mi música, 
                                      que eras tú.





* Arriba, fotograma de la película "Una habitación con vistas", de director James Ivory, de 1985.

** Abajo, Maria Callas interpretando el aria de Puccini "O mio babbino caro", el tema más emotivo y  recordado de la banda sonora de la adaptación de Ivory.

"Felicitas ad aeternum"



Creo que me he saltado el post de los buenos deseos. Ese que dice "empieza un nuevo año y, por eso, todo es posible" (especialmente si acaba en 13).

Pero sabéis que yo creo cada mañana en los imposibles, o de lo contrario, ni podría salir de la cama a veces, en este país entre ruinas del que aún nos roban hasta las esperanzas. 

Y, por supuesto, creo y confío en que cada día podemos dar un paso (a veces muy grande, a veces no tanto) para realizar nuestros sueños. Y estoy convencida de que esto es posible durante los años acabados en 13, los años en 15 o los años de 1000 demonios. Porque la fuerza para cambiar nuestras vidas no viene atada a la cola de la cifra, sino que siempre está dentro de nosotros (incluso cuando nos es absolutamente imposible notarla).

Yo así lo pienso porque ya va por la tercera vez que me reinvento (perdón, no recuerdo los años, ni si las fechas eran propicias: me tocó improvisar). Y seguiré reinventándome las veces que haga falta, dado que yo no estoy aquí para esperar paraísos; no aspiro a ganar la benevolencia de los dioses soportando innumerables infortunios; y me falta paciencia para disfrutar la vida que deseo en otra reencarnación.

Yo, fundamentalmente, quiero ser feliz en cada pequeño momento. A veces porque tengo un amor y a veces porque tengo un camión, y otras solamente porque me maravilla la posibilidad de tener cualquiera de estas cosas, o cienmil más que probablemente aún ni conozco. Y si las circunstancias no me apoyan... pelillos a la mar, que se suele decir. Habrá que ver cómo cambiar esas circunstancias. Al fin y al cabo... hay todo un año por delante.

Y a tod@s vosotr@s, que tanta alegría me habéis regalado, ¿qué otra cosa puede desearos -de corazón- en año nuevo, un martes de ceniza o en el veranillo de San Miguel? Os deseo miles de alegrías multiplicadas: que los semáforos os esperen en verde; que desde las gripes hasta los piojos os tengan miedo y respeto; que donde lleguéis os espere un amigo; que el Amor se conozca vuestro nombre, apellidos y teléfono; que nunca os falten energías y tranquilidad, cada una cuando sea necesitada; que no llevéis la cuenta de los abrazos, que no tengáis disgustos que contar. Que seáis felices, muy felices incluso, ¡porque sí, (coño)!, no porque sea Año Nuevo... si no porque os lo tenéis bien merecido.

Feliz y tardío Año Nuevo, querid@s; o mejor "felicitas ad aeternum".





*  Debo la imagen del inicio al talento de mi admirada Sarai Llamas
** Probablemente, la canción del final no es la más indicada para felicitar el año, pero he recordado que, durante un tiempo, conseguía ponerme muy feliz.

sábado, 29 de diciembre de 2012

"La mecánica de los recuerdos"



Intento comprender la mecánica de la memoria. Recuerdo por ejemplo, perfectamente, todos los lugares donde he estado, con olores, sentimientos y música. Pero no puedo acordarme de las personas que he amado. Apenas de la última. Algunas se han borrado por completo, especialmente si nos habíamos separado con dolor. Nunca podría comparar dos besos, porque no los recuerdo.

Recuerdo El Barrio de Alicante en los 80 cuando los bares cerraban a las 6 de la mañana y los baños impúdicos de Clan Cabaret. Recuerdo unas Fallas en Valencia en las que cada día andábamos mil kilómetros y cada noche íbamos a tres conciertos, y mucho ojito con perderte porque no existían los móviles. Recuerdo la simpatía de los pintores callejeros en Florencia y la belleza insultante de una Madonna de Botticelli en los Uffizi. El color verde agua de los lagos en Suiza. La sequedad extrema de Salamanca, donde los labios se me cuarteaban y la piel me dolía, y por primera vez rompí a llorar de soledad, una tarde que paseando me di de bruces con una placita de ensueño y me di cuenta de que no tenía con quién compartirlo.

Si me esfuerzo, puedo recordar incluso la gente que me cruzaba por el mercado de Casablanca, mientras yo me abría paso con un pañuelo sobre el pelo y una niña (niña de mis ojos) en los brazos. Recuerdo patearme Lavapiés y disfrutar locamente con las tiendas de chuches y de disfraces de segunda mano. Los charcos, la mugre, las camadas de perros en las calles de Varanasi. El color anaranjado y fucsia de las enredaderas colgando de los balcones en Cartagena de Indias. Y una tienda de vestidos de novia en una callejuela de Córdoba tras la Plaza de las Tendillas.

Y qué ha sido de ti, a quien tanto amé. Te perdiste fuera de todos los mapas. Yo que me sabía todos los cambios de la luz en tus ojos y los estados de felicidad por el timbre de tu voz. Incluso hubiera podido acariciarte centímetro a centímetro desde tu ausencia. Y hoy no sé ni tu nombre. Ya no eres ni el aire de una palabra. No existes. Yo te maté. Porque me hiciste daño.





* Fotografía propiedad de la Revista "Sex+Design".

sábado, 22 de diciembre de 2012

"Segundas oportunidades"


                                                                                             Para Dedé      




Ella le dijo:
-No dejaré que te pierdas, pues he tardado cien vidas en encontrarte.
Él la besó con ternura en la frente, acostumbrado a sus cuentos de hadas y a sus palabras de purpurina.

Pero la vida los perdió, y un día él se reconoció insoportablemente solo, perdido en la oscuridad de un bosque sin salidas ni luna, donde callaban los pájaros.

"Dónde estarás... -pensó-, tú que calmabas los vientos con tu ternura y acariciabas a las bestias salvajes. Tú, que tenías tanto poder sobre mis vísceras que nunca pude volver a decidir el ritmo de mi corazón. Tú, bruja inmortal siempre viva en todas mis noches, ¿dónde andarás?".

Se tumbó en el suelo frío, pero sus huesos no hallaban descanso, la tierra húmeda le dolía y su espíritu trataba de huir hacia las alturas. Miro arriba, descubrió la hermosura de las estrellas y maldijo cada día de su vida que había perdido sin detenerse a contemplar los astros con ella.

"¿Cómo fue? ¿Me acostumbré tanto a la belleza que dejé de verla? ¿Me volví demasiado ocupado para mirar la luna, demasiado perezoso para ver los amaneceres contigo? ¿Me convertí en un avariento siempre encerrado en su cubículo de cristal? ¿Cómo pude perderte y no morirme, y todavía peor... no darme cuenta, ni pena, ni rabia de que te estaba perdiendo?".

Se quedó dormido a pesar del frío, cuando acabó todos los tragos de la botella. Y entonces la soñó, más bella que nunca, más radiante si cabe que cada mañana juntos, convertida del todo en una diosa blanca, como si se hubiera materializado a partir del mismo reflejo de la luna.

Ella lo besó en los párpados cerrados, y sus labios eran cálidos como si fueran la puerta de la vida. Le recordó cómo habían hecho mil veces ese camino sin nieve, orientándose con las estrellas. Le habló de su fuerza, del amor inmenso que habían compartido, hasta que la adrenalina del entusiasmo lo obligó a despertar.

La nieve empezaba a cubrirlo borracho. Aclaró su mente, se levantó de un salto y buscó de nuevo la solución del mapa de estrellas en el cielo. Pronto supo dónde estaba y dónde quería ir. Salió del bosque. Encontró su vehículo donde lo había abandonado y condujo de nuevo hasta ella. Entró al cementerio saltando la tapia. Y directamente buscó su lápida.

Laura se había cortado las venas tras aguantar a su lado cinco meses de absoluta indiferencia. Él estaba absorto con el trabajo, con las noticias, con los proyectos a medias, con las urgencias de la rutina, con el vacío de su vida plastificada. Había enterrado amor y caricias bajo el cemento de un proyecto de construcción atrasado. De nuevo, le habló encolerizado:

-No vuelvas a hacerlo, ahora soy yo quien te busca y te necesita, déjame que al fin te encuentre. No quiero vida que nos separe. Prefiero mil muertes contigo.

El viento sopló tan fuerte que lo hizo caer a dos pasos de la lápida. Él entendió el mensaje, se puso en pie y caminó lentamente hacia la salida. Sabía que ese era su castigo, vivir cien vidas sin ella sin conocer la alegría.

Se equivocaba.

En algún lugar del mundo desde donde se veían las mismas estrellas, una mujer tan bella que parecía hecha de reflejo de luna, guardaba el amor de ciento una vidas antiguas. Porque nosotros no, pero la vida siempre cree en segundas oportunidades.





* Ilustración de Anne Stokes (detalle).

martes, 18 de diciembre de 2012

"Tres definiciones de amor"





Andrea, 28 años. 
Me quedaba dormida abrazada a su espalda. Deslizaba con suavidad mi mano sobre su ombligo, para sentir su circunferencia exacta y aprendérmelo mentalmente, en la seguridad de que podría distinguir ese ombligo entre todos los ombligos del mundo. Eso era el amor para mí, el ombligo del mundo. 

Verónica, 43 años. 
Cuando él estaba, la casa se llenaba de aromas, humos y ruidos que escapaban de la cocina; se escuchaba el trasiego de cacerolas y platos, el hervor de la cafetera. A veces, incluso, hacía él mismo el pan. Ahora que estoy sola nunca cocino, abro la nevera y me echo a llorar pensando que está tan fría y vacía como mi cama. El amor para mí era una cocina habitada. 

Clara, 38 años
Hubo unos años en que yo tomaba trenes muy frecuentemente. Pero era por trabajo, así que cuando llegaba a las estaciones, nunca me esperaba nadie. Entonces me quedaba mirando los abrazos infinitos de aquellos que sí tenían alguien esperándoles. Eso es el amor para mí, que alguien te espere; fundirte dentro de un abrazo en una estación de tren.



* En la imagen, fotografía anónima de la estación de tren de New Hope, Pennsylvania, USA.